Las lonas tienen una gran variedad de aplicaciones desde las primeras civilizaciones. Los egipcios y los sirios tenían la costumbre de colocar tejidos o pieles para dar sombra y protegerse del sol. Eran los artículos más comunes en los mercados o en las viviendas de los asentamientos humanos. Si bien, las lonas como las conocemos en la actualidad cuentan con ciertas características, dependiendo las necesidades de los usuarios, en general son fabricadas con un material liso y en ocasiones impermeable.  

En el Imperio Romano se colocaban en instalaciones o eventos prestigiosos, como fiestas, celebraciones, o el Coliseo. En este lugar, las telas eran muy grandes y tenían la función de dar sombra a los espectadores. Contaban con un sistema retráctil que podía desplegarse o retraerse. Fabricadas con telas de lino, estas lonas se colocaban en estructuras de madera, hierro y cuerdas.  

En la Edad Media, la mayoría de las velas de los navíos se fabricaban en la ciudad de Olonne (Francia) a orillas del río Loira, la cual era un importante puerto y centro comercial. El nombre de esta ciudad les dio nombre a las velas como “olonas” en español (registro en 1495). Más tarde, a principios de 1700 apareció por primera vez el nombre de “Lona”, o “tela para navegar”.

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